Desde el anuncio de Steve Jobs el pasado día 27 de enero de la inminente salida al mercado de su nuevo invento, el Ipad, los comentarios a favor y en contra del mismo han brotado en Internet como las setas. No soy muy dada a exponer mi opinión en estos ámbitos porque, entre otras cosas, no me considero con autoridad profesional para hacerlo, pero en este caso me siento obligada a hacer una excepción.
Si es que aún queda alguien en el mundo que no sepa lo que es, el Ipad se presenta al mercado como “un dispositivo mágico y revolucionario” (según la propia página de Apple) que permite acceder a Internet, leer ebooks o pasar el tiempo con un videojuego o escuchando música. Así, en principio y coincidiendo totalmente con Error 500, le veo un problema a este fabuloso dispositivo, y es que todo esto ya puede hacerse.
Actualmente casi todos disponemos de un móvil (algunos un Iphone) y de un ordenador, en su mayoría un portatil (y de nuevo algunos incluso un Mac). Y no creo que estemos dispuestos a tirarlos por la ventana para hacernos con un artículo con el que podemos hacer muchas cosas… pero no todas. Pero quizá es que los que pensamos así somos su público potencial. Es más, me atrevería a pensar que no existía un público potencial a priori, sino que más bien surgirá a raíz de su lanzamiento. El Ipad se buscará solito un público. Y hay que reconocer que sólo Apple puede hacer algo así.
