
Un ejemplo de conversación en Chatroulette
Por muy al día que trate de estar en este mundillo tecnológico, hay cosas que se me escapan. Suerte que aún pertenezco a una generación que pasa más tiempo frente al ordenador que durmiendo. De manos de unas amigas he dado con Chatroulette!, un chat de webcams que lleva camino de convertirse en un boom ya que el número de usuarios crece de forma alarmante. La idea es simple, te conectas, enciendes la cámara y ¡a espiar!. Es como una ruleta, sólo tienes que ir dándole a ‘siguiente’ para elegir la webcam con la que quieres hablar, y ‘parar’ para chatear por escrito con quien prefieras. Y a partir de ahí todo queda a la elección del usuario y a su capacidad de aventura, porque te puedes encontrar de todo, unos más voyeurs, otros más exhibicionistas (en todos los sentidos) y mucha gente ‘especial’. No exige ningún tipo de identificación, por lo que permite un anonimato que para la mayoría se agradece pero que, desde mi punto de vista, acarrea problemas como la posibilidad de encontrarte con menores.
Me tiro a la piscina y auguro que, a este ritmo, este videochat será pronto tan famoso como Facebook. El tiempo dirá.
