Hay cosas que jamás hubiesemos esperado ver fuera de las pantallas de las salas de cine y que, sin embargo, hoy son ya una realidad.
Esta semana han salido a la luz dos de las novedades tecnológicas más impresionantes que he visto en los últimos tiempos. La primera ha convertido en realidad el que es quizá el mayor sueño del hombre: volar de forma independiente. El valiente es un suizo que, con una ala pegada a su espalda e impulsada por cuatro reactores, ha conseguido surcar el cielo durante diez minutos a ¡200 kilómetros por hora! Cuesta creerlo incluso después ver el video, que parece un trailer de una pelÃcula de superheroes.
La segunda también podrÃa ser la escena de cualquier pelÃcula futurista, pero es real. El robot ASIMO, de la compañÃa Honda, fue el encargado el pasado martes de dirigir a la Orquesta Sinfónica de Detroit en la apertura de un concierto. Impresionante como este robot ha memorizado y aprendido a imitar los movimientos de un director de orquesta a través de una grabación de video. Aquà el video.
Al menos esto es lo que afirma la TeorÃa de los seis grados, que asegura que cualquier persona puede estar conectado a cualquier otro individuo de la tierra a través de una cadena de conocidos de, como másximo, cinco personas (seis incluido él).
La teorÃa fue expuesta por primera vez en 1929 y se basa en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces de la cadena, por lo que solo se necesita un número de enlaces relativamente pqueño para que el conjunto de personas que se conocen sea toda la población del planeta.

A finales de los 60 el psicologo estadounidense Stanley Milgram ideó un experimento que probase la teorÃa que el llamó “el problema del pequeño mundo”. El experimento consistió en la selección al azar de varias personas de un estado para que enviasen un paquete a un extraño situado en un estado diferente, a varios milles de millas. Los remitentes conocÃan todos los datos del destinatario (nombre, ocupación y localización aproximada). Lo único que debÃan hacer era enviar el paquete a alguien que ellos conociesen directamente y que según ellos fuera quien más probabilidades tendrÃa, de todas sus amistades, de conocer directamente al destinatario. Esta persona deberÃa hacer lo mismo y asà sucesivamente hasta que el paquete llegase a su destino.
Aunque todos esperaban que la cadena incluyese a al menos un centenar de personas, la entrega del paquete llevó como promedio, sólo entre cinco y siete intermediarios. Asà la demostración daba el actual nombre a la “teorÃa de los seis grados”.